lunes, 25 de enero de 2016

Rehabilitación Vol. 1

Como algunas personas medianamente cercanas a mí sabrán, el día 23 estaba desarrollando la actividad de la conducción con completa normalidad, cuando un grupo de jóvenes promesas que se dirigía a dar un simposio sobre astrofísica ocasionó un accidente de tráfico múltiple. Me dieron bien fuerte y por detrás, como a mí me gusta.

Como buen macho vernáculo y legionario que soy, apagué el motor de forma muy relajada y me bajé de mi coche. Me dirigí hacia el vehículo que había provocado el accidente (el cual estaba completamente destrozado), saqué de allí al conductor al más puro estilo Grand Theft Auto y le di un guantazo con el dorso de la mano. Murió en el acto. Yo, por mi parte, rellené la hoja de parte amistoso con el resto de conductores y me fui a atender mis asuntos, de infinita importancia.

En el momento no lo sentí, pero unas horas después empecé a notar dolores en el cuello y la espalda, ocasionados por el latigazo cervical, o algo así me han dicho. Se habían confirmado mis peores miedos: yo estaba herido de gravedad. Al día siguiente fui a la dirección del joven que provocó el accidente y le pisé la cabeza, interrumpiendo el debate que estaba haciendo con sus amigos acerca del comportamiento de ciertas partículas sometidas a distintos tipos de energía. Luego fui al hospital.

Tras esperar la liviana cola de urgencias (la cual estaba conformada con el obligado gitano de turno acompañado de toda su puta familia en más de un 50%, puedo asegurar), me atendió el médico más inútil del siglo. El tipo insinuó que no podía hacer nada y que el dolor se me pasaría con el tiempo, así que lancé su escritorio por los aires ante su incrédula mirada y le amenacé con un bisturí. Tras entrar en razón, conseguí que me diera cita para entrar en rehabilitación, y volver a desarrollar mi vida de manera normal. Aún había esperanza.

Craso error.

Aquí iré narrando, día a día, mis experiencias en el centro de rehabilitación junto con algunas reflexiones que escribiré sobre la marcha. Disfrutad de mi sufrimiento.

Día 1: Nada más llegar, tardo 15 minutos en buscar al fisioterapeuta que se me ha asignado. Al encontrarlo, me dice que me siente en una silla y me coloca cerca de la espalda una lámpara de infrarrojos de esas que dan calorcito en los bares. Me han puesto también uno de estos archiconocidos aparatos de gimnasia pasiva de la teletienda. La espalda y el cuello me duelen como el doble. La cosa promete.

Día 2: Me han puesto a otro fisioterapeuta. Al parecer el anterior está de baja por depresión después de que yo le insultase para divertirme. Me han vuelto a poner la lamparita y lo de la teletienda, y me han dicho que mañana empiezan a darme masajes. No puedo esperar.

Día 3: Vuelvo a estar con la lamparita de los huevos. Empieza a oler a churruscadito. El fisioterapeuta me ha tumbado en una camilla y me ha dicho que iba a hacerme un masaje en el cuello. En cuanto ha empezado me he tirado un pedo muy sonoro y todos los presentes se han quedado callados y me han mirado mal, jajajajaja.

Día 4: Hoy me han puesto unos electrodos más gordos en la espalda. No me hacen nada, pero el brazo se me mueve solo y parezco el Langui, lo cual hace risa.

Día 5: Estoy hasta los cojones.

Día 6: He pasado un fin de semana de culo, me duelen hasta los putos párpados y me mareo cuando muevo el cuello. En rehabilitación me dicen que es normal. Vale.

*Salto algunos días para que la entrada se haga más amena*

Día 10: Ha vuelto el fisioterapeuta que estuvo de baja por depresión por mi culpa. Cuando he entrado me ha mirado mal, así que he estado escupiendo en el suelo cada vez que tenía mocos.

Día 11: Es el último día de mi rehabilitación. Mañana tengo que ir a ver al médico al que amenzacé con un bisturí para que me diga si ya estoy bien o si mi alma debe seguir siendo torturada. El fisioterapeuta me ha hecho crujir la espalda y el cuello y me ha dejado mucho peor. He preguntado en recepción si eso es denunciable y me ha mirado como si estuviese loco. Qué mierda de hospital.

Seguiré actualizando mi blog a medida que mi infierno personal se extienda. Ojalá me hubiese arrollado un autobús y me hubiese quedado ahí. Al menos no tendría que andarme con mierdas.

viernes, 15 de enero de 2016

Voy a ser millonario.

Hay veces que uno se plantea su existencia como una mera estancia en el mundo, sin dejar ninguna huella, ninguna diferencia en el supuesto caso de que uno nunca hubiera existido . Es decir, ser una pieza más (puede que no necesaria) del inmenso engranaje que es la humanidad.  Yo no me lo planteo, en absoluto, y mucho menos ahora. Y la razón es la siguiente.

Todo comenzó en una de estas perezosas tardes de banco y pipas con amigos en la que, sin venir a cuento, un amigo y yo decidimos empezar a jugar a Euromillones juntos, con una serie de números cuidadosamente elegidos. Una apuesta vale dos euros, y se juega los martes y los viernes. Así que pondríamos dos euros cada uno todas las semanas y nos dispondríamos a ello, para ver si la diosa de la fortuna nos sonreía en algún momento hasta el final de nuestros días. Lamentablemente, con el tiempo, fuimos dejando este bonito hábito, ya fuese por pereza o por desilusión ante la impotencia de que alguna entidad divina no nos ayudase en nuestro camino hasta la grandeza.

Sin embargo, hoy es el día en el que todo cambia.

Ayer decidí jugar a Euromillones. Bien fuera por nostalgia, bien porque me sentía con buena fortuna... Quién sabe. Sin embargo, tras hacer mi apuesta, salí a la calle con un fuerte presentimiento: "Me va a tocar el Euromillones".





No se trata de fardar de ello, ni mucho menos. Simplemente lo sé. Me va a tocar el bote del día de hoy, nada menos que 81 millones de euros. Y nadie va a poder hacer nada por evitarlo.

De modo que, con la seguridad de que hoy voy a convertirme en millonario, decidí planear algunas cosas. Quedé con un buen amigo para informarle de que nos va a tocar el bote del Euromillones, y empezamos a planear nuestra nueva vida, lejos de la rutina a la que estamos acostumbrados. Comenzamos por mirar casas de lujo en Internet, en la que viviríamos él y yo, y calculamos todos los gastos.



¿Te gusta? Esa es la casa que vamos a comprar hoy mismo. Está situada en la Urbanización Somosaguas en Pozuelo de Alarcón, Madrid, y está valorada en 12 millones y medio de euros. La casa tiene piscina, pero como seguramente sea demasiado pequeña, la agrandaremos y haremos otra cubierta al lado. La piscina cubierta tendrá una zona a media altura para sentarnos tranquilamente con nuestra copa. Está todo pensado.



Esta es la entrada de mi futura casa. Es de mis partes favoritas de ella aunque debe ser reformada. Una de mis primeras decisiones ha sido quitar esa estatua de mierda y poner una mía a tamaño real, totalmente desnudo, sosteniendo una lanza. Esto tiene dos utilidades: La primera es subirme la moral cada vez que entre en mi palacio, y la segunda es asegurarme de que ningún testigo de Jehová se acerque a mis terrenos.



Este es mi salón. Quiero cambiar algo la decoración, pero la estética base me gusta mucho. El centro de mesa será una cubitera para meter la cerveza, y cada habitación tendrá 3 ceniceros colocados estratégicamente para que ninguno de mis invitados tenga que moverse de la posición óptima en los sillones. Además, la casa tiene la friolera de 11 baños. ¿Para qué quiero tantos? Está hecho para utilizar uno cada día de la semana y que me sobren unos cuantos, para algún ocasional apretón.


Hay cosas en esta vida que hay que saber. Y una de las indispensables es que si no tienes un garaje así, no vales una mierda. Además del hecho de que cualquier color de coche queda bien en él, tanto las líneas como las paredes y el suelo, y las propias columnas, tienen luz. De ese modo podré aparcar mi Porsche con mayor facilidad. Ya me imagino enseñando mi colección de Mustang a Bill Gates mientras este se pone verde de envidia...

Hablemos claro. ¿Me hace mejor que tú poseer todo esto? Sí. A partir de esta noche, mi vida va a ser mucho mejor que la tuya. Es un hecho empírico. Sin embargo no pienso quedarme ahí, no señor. Estuve haciendo cuentas con mi amigo para saber cuánto dinero gastaremos en primera instancia para satisfacer nuestras necesidades. Entre la casa y su mantenimiento, el viaje al mundo que daremos mientras se reforma la casa, los vehículos, las apuestas en Las Vegas (nos hemos puesto un tope de un millón), los barcos que hemos mirado y regalos a nuestras familias, nos sobrarían unos 55 millones de euros. Es decir, que podríamos comprar todos estos caprichos dos veces más.

Para no pecar de avariciosos, ingresaremos esta cantidad en el Banque Baring Brothers Strudza de Ginebra. Contando con que lo ingresemos a plazo fijo a un 8%, por ejemplo, tendríamos unos beneficios de más de 4 millones de euros al año. Nada mal.

Tengo que seguir dejando cosas arregladas para cuando llegue el momento, pero quería escribir esta entrada informativa para todos vosotros.

No puedo esperar a estar en mi nueva casa.