lunes, 21 de marzo de 2016

Entrada sin nombre.

Hoy es el día 22 de marzo de 2016.

No sé cuándo se leerá esto. No sé ni siquiera si alguien además de mí leerá esto, pero creo que necesita ser escrito. Sé que dije que no necesitaba soltarlo, pero tarde o temprano la verdad ha salido a la luz: yo necesito hablar sobre esto. Y sí, esta es una historia de amor. O de desamor, según se mire.

Si has leído otras entradas de mi blog, podrás comprobar que esta es una ampliación de una parte de cierta entrada, titulada "A todas ellas".

Esta historia se remonta al verano de 2011. Yo tenía unos tiernos 15 años y empezaban a aflorar en mí las ganas de conocer a gente nueva y salir los fines de semana. Siempre he sido un chico muy reservado, pero una vez me sentí integrado en un nuevo (y primer) grupo de amigos, las cosas fueron como la seda.

Yo estaba en el río. El río, para las personas de fuera de Sevilla, era un lugar en el que los jóvenes de nuestro estilo se reunían en esa época. Muchos lo consideraban una especie de "santuario", una completa gilipollez. El río no era más que un lugar para hacer botellón.

Y como iba diciendo, yo estaba en el río, cogiéndome una gorda con mis amigos y una botella de vodka, pues estaba en la edad de eso. Actualmente me arrepiento de haber empezado tan pronto de ese modo. Pero, ¿quién sabe? Puede que si no hubiese estado en esa situación, nunca estaría escribiendo esto. ¿Es eso bueno, o es malo? Nunca lo sabremos. El caso es que estaba riéndome mucho debido a la intoxicación etílica combinada con alguna chorrada que estaríamos comentando mis allegados y yo, cuando de repente, la vi.

Nunca he sido un chico que haya tenido una especial fijación en las relaciones sentimentales, a mí me gustaba más estar a mi rollo, sin que nadie me molestase. Pero cambié completamente de opinión cuando me fijé en ella. Era la chica más guapa que yo había visto hasta la fecha.

Podéis llamarlo como queráis: cantidad exagerada de alcohol en sangre, pérdida de sentido común momentánea, o simple descaro; pero decidí dejar atrás mis miedos. Un servidor siempre ha sido una persona muy callada, así que me costó mucho (dos milésimas de segundo en la realidad, una eternidad en mi mente) hacer lo que hice a continuación: me levanté y fui a hablar con ella.

El primer "¡Hola!" que pronuncié frente a ella y que siempre recordaré, salió completamente natural, a la vez que yo me arrepentía mil veces de haberme levantado cuando veía la expresión de extrañeza que su cara tomaba. Ella me contestó con un tímido "Hola", y una mueca de desaprobación. Mis siguientes palabras, para mi sorpresa, salieron de mis labios con una naturalidad mayor incluso que mi primer saludo: "¿Qué tal estás? Yo me llamo Luis, ¿y tú?".

A partir de este punto, su expresión facial se relajaba un poco, e incluso soy capaz de decir (arriesgándome mucho) que esbozó una sonrisa, seguramente percatándose del tan ridículo individuo que tenía frente a ella. Ella respondió "Istari".

(Es increíble que, después de tanto tiempo, siga dándome escalofríos el escribir su nombre).

Yo pensaba que estaba tomándome el pelo, diciéndome el primer nombre que se le había ocurrido o algo así. Ella me confirmó que ese era su verdadero nombre, mientras yo me daba cuenta de que aquella chica que tenía frente a mí era más preciosa aún de lo que había notado a primera vista. Su nombre, además, tenía una algo tan inusual que me atraía, y una musicalidad tal que, de repente, me parecía el nombre más perfecto del mundo. Y así es como, chicos, una persona se enamora a primera vista.

La conversación siguió de forma tan fantástica que yo mismo me sorprendí. Istari me dio su Tuenti (por aquel entonces la gente lo usaba de forma muy frecuente), y me di cuenta de que ella y yo teníamos el mismo segundo apellido, detalle que le comenté y compartimos unas risas. Llamadlo (de nuevo) cantidad exagerada de alcohol en sangre, pero eso me dio a pensar que ella y yo estábamos predestinados a conocernos. Cosas absolutamente ridícula, desde luego. Pero me encantaba pensar eso.

Istari y yo nos despedimos y acordamos en hablar por Tuenti esa misma noche. Tras eso, yo volví a sentarme con mi grupo de amigos, puedo asegurar, con la mayor sonrisa de imbécil del mundo. En ese momento me sentía en la cima del mundo por haber conocido a la chica más perfecta que existía. A partir de ahí, no recuerdo nada hasta que llegué a mi casa.

Cuando entré por la puerta, lo primero que hice fue dirigirme hacia mi habitación y encender el ordenador. No podía esperar a volver a hablar con Istari. Una vez le hube enviado mi petición de amistad, me hice algo de comer y esperé pacientemente. Para mi sorpresa, ella la había aceptado pocos minutos después de yo haberla enviado. Empezamos a hablar por el chat de Tuenti (comenzando por pedirle disculpas en el caso de que hubiese dicho algo comprometido, ya que los borrachos y los niños siempre dicen la verdad; y yo en ese momento, era ambas cosas).

Hoy es el día 23 de marzo de 2016.

Tras unos minutos hablando, Istari me preguntó si me apetecía hablar por teléfono. En ese momento empecé a ponerme nervioso. Esa chica me encantaba, y estaba mostrando un interés por mí que yo no esperaba en absoluto. Era algo que no me había ocurrido nunca, y como es obvio, no quería tirarlo todo por la borda. Sin embargo, hice acopio de fuerza de voluntad, le pedí su número y la llamé enseguida.

Me sonrojé desde el momento en el que Istari descolgó el teléfono y preguntó "¿Luis?" con su preciosa voz. La llamada, plagada de sorprendentemente cómodos silencios, los cuales habría dado lo impensable por haberlos experimentado con ella en persona, duró once perfectos minutos. Tras esto, me fui a dormir con la misma sonrisa de idiota que llevaba teniendo todo el día.

Todo esto ha sido un prefacio que he querido compartir con vosotros. Se trata del inicio de nuestra historia, se trata del momento en el que me di cuenta de que iba a ser una persona realmente importante para mí. A pesar de esto, Istari y yo no hemos estado constantemente en contacto. Hemos tenido encuentros que se han sucedido por capricho del destino. Nuestra primer encuentro fue breve, pero necesario para conocernos, si bien no en profundidad, pero me sirvió para saber que ella no era una persona como las demás.

Recuerdo (ahora mismo, con una sonrisa en la cara), que acordamos encontrarnos en una quedada que se hacía en el Parque del Alamillo. Estuvimos pegándonos con espadas de mentira, de estas que usan los chavales para sus cosas de softcombat, y luego dimos un paseo de vuelta al río. Recuerdo, además, que me pidió que le prestara las gafas de sol que llevaba puestas. Eran unas gafas de sol tipo aviador con cristal de espejo, que aún sigo conservando con mucho cariño (y ella lo sabe).

Quedamos con unos amigos que casualmente estaban por esa zona. Istari se dio un baño en el río y me animó a acompañarla, pero le dije que no, muy a mi pesar, ya que era muy meticuloso con ese tipo de cosas. Fue un error no haber aceptado, pienso ahora. Allí estaba un buen amigo al que comenté mi situación con ella, y me dijo que si de verdad me gustaba esa chica, debía decírselo. Empecé a ponerme muy nervioso porque Istari empezaba a dirigir su mirada sospechosamente hacia nosotros; obviamente sabía que hablábamos de ella.

Y, finalmente, después de mucho pensarlo, le pedí a Istari que me acompañase un momento, porque tenía que hablar con ella. Y le dije lo que llevaba pensando de ella desde el primer momento en el cual la vi.

Queridos lectores, ¿conocéis estas películas, estas típicas americanadas que terminan con un sensacional beso entre el protagonista y su pareja? Bien, olvidadlo. El beso que vino a continuación fue el mejor beso que he tenido en toda mi vida. Fue el beso más sentido, el beso que más ansiaba. Lo recuerdo como si fuera ayer, y aun así, soy incapaz de describirlo más que diciendo, simplemente, "El mejor beso de la historia".

Como anécdota, olvidé pedirle las gafas que le presté, y se las quedó durante un buen período de tiempo. Esas gafas de sol viajaron con ella hasta Francia, según me cuenta, y es por eso que las guardo con tanto afecto.

Hoy es el día 24 de marzo de 2016.

A día de hoy no recuerdo bien qué sucedió, y ni siquiera sé si quiero recordarlo. Solo recuerdo que hice algo mal, algo de lo cual aún me arrepiento, sin saber si quiera qué causó que la chica que más quería y yo perdiésemos el contacto. Sin embargo, ella siempre ocupó un lugar muy importante para mí.

No soy capaz, al menos de momento, de situar nuestro segundo encuentro en el tiempo, muy probablemente porque fue algo bastante fugaz. Recuerdo que quedé con mi amigo Pablo para dar un paseo. Me comentó que sin no me importaba que viniese Cristina, una antigua amiga de nuestra ya pasada época de botellón en el río. Le dije que no había problema alguno, y Cristina dijo que vendría con otra amiga. Cuando vi a esa misteriosa amiga de pelo rubio, me dio un vuelco el corazón.

Sentí una increíble mezcla de sentimientos en aquel momento. Istari y yo nos saludamos y pasamos un día fantástico en compañía de nuestros amigos. Y de nuevo, por azares del destino, Istari y yo perdimos el contacto de nuevo.

El verano del año pasado, pedí el número de Istari a una amiga suya. Lleno de determinación, le mandé un mensaje por WhatsApp preguntándole si le apetecía que nos viésemos para dar un paseo y tomar algo. Ella respondió de muy buen grado, diciendo que le encantaba la idea. Me di cuenta de lo sencillo que es hacerme feliz. Pasamos un día fantástico; le presenté a mis amigos, nos pusimos al día y dimos un bonito paseo. Y al acompañarla al portal de su casa, Istari me dio ese beso que tantísimo llevaba esperando.

Quedamos un día más en este tercer encuentro. Aunque el día se desarrolló muy bien, acabó de manera nefasta. No quiero comentar la razón o razones, y mucho menos en un blog público. Quien lo tiene que saber, lo sabe. Y así fue como Istari y yo perdimos el contacto por tercera y última vez.

Esta es mi historia con Istari, nuestra historia. No, no sigo enamorado de ella. No, ya no me gusta de esa manera. Entonces, ¿se puede saber qué hago escribiéndola a lo largo de varias madrugadas? Quién sabe. Puede que para explicarme el por qué de esa vorágine de pensamientos cada vez que ella aparece en mi mente. Puede que para explicarme ese pequeño infarto que me da cada vez que veo a una chica rubia de espaldas en el Metro. Puede que para preguntarme por qué no sale de mi maldita cabeza.

Anotaciones finales: Cada palabra de este texto es completamente cierto, y lo recuerdo de forma muy vivaz. No es mi intención que ella lea esto, ya que esta entrada es simplemente una forma de ordenar las inconexas ideas que afloran en mi mente cada vez que la recuerdo. A las pocas personas que me lean, les pido que me den su más sincera opinión acerca de esta entrada, y de mis razones para redactarla. Para mí es muy importante.

Un saludo.

lunes, 25 de enero de 2016

Rehabilitación Vol. 1

Como algunas personas medianamente cercanas a mí sabrán, el día 23 estaba desarrollando la actividad de la conducción con completa normalidad, cuando un grupo de jóvenes promesas que se dirigía a dar un simposio sobre astrofísica ocasionó un accidente de tráfico múltiple. Me dieron bien fuerte y por detrás, como a mí me gusta.

Como buen macho vernáculo y legionario que soy, apagué el motor de forma muy relajada y me bajé de mi coche. Me dirigí hacia el vehículo que había provocado el accidente (el cual estaba completamente destrozado), saqué de allí al conductor al más puro estilo Grand Theft Auto y le di un guantazo con el dorso de la mano. Murió en el acto. Yo, por mi parte, rellené la hoja de parte amistoso con el resto de conductores y me fui a atender mis asuntos, de infinita importancia.

En el momento no lo sentí, pero unas horas después empecé a notar dolores en el cuello y la espalda, ocasionados por el latigazo cervical, o algo así me han dicho. Se habían confirmado mis peores miedos: yo estaba herido de gravedad. Al día siguiente fui a la dirección del joven que provocó el accidente y le pisé la cabeza, interrumpiendo el debate que estaba haciendo con sus amigos acerca del comportamiento de ciertas partículas sometidas a distintos tipos de energía. Luego fui al hospital.

Tras esperar la liviana cola de urgencias (la cual estaba conformada con el obligado gitano de turno acompañado de toda su puta familia en más de un 50%, puedo asegurar), me atendió el médico más inútil del siglo. El tipo insinuó que no podía hacer nada y que el dolor se me pasaría con el tiempo, así que lancé su escritorio por los aires ante su incrédula mirada y le amenacé con un bisturí. Tras entrar en razón, conseguí que me diera cita para entrar en rehabilitación, y volver a desarrollar mi vida de manera normal. Aún había esperanza.

Craso error.

Aquí iré narrando, día a día, mis experiencias en el centro de rehabilitación junto con algunas reflexiones que escribiré sobre la marcha. Disfrutad de mi sufrimiento.

Día 1: Nada más llegar, tardo 15 minutos en buscar al fisioterapeuta que se me ha asignado. Al encontrarlo, me dice que me siente en una silla y me coloca cerca de la espalda una lámpara de infrarrojos de esas que dan calorcito en los bares. Me han puesto también uno de estos archiconocidos aparatos de gimnasia pasiva de la teletienda. La espalda y el cuello me duelen como el doble. La cosa promete.

Día 2: Me han puesto a otro fisioterapeuta. Al parecer el anterior está de baja por depresión después de que yo le insultase para divertirme. Me han vuelto a poner la lamparita y lo de la teletienda, y me han dicho que mañana empiezan a darme masajes. No puedo esperar.

Día 3: Vuelvo a estar con la lamparita de los huevos. Empieza a oler a churruscadito. El fisioterapeuta me ha tumbado en una camilla y me ha dicho que iba a hacerme un masaje en el cuello. En cuanto ha empezado me he tirado un pedo muy sonoro y todos los presentes se han quedado callados y me han mirado mal, jajajajaja.

Día 4: Hoy me han puesto unos electrodos más gordos en la espalda. No me hacen nada, pero el brazo se me mueve solo y parezco el Langui, lo cual hace risa.

Día 5: Estoy hasta los cojones.

Día 6: He pasado un fin de semana de culo, me duelen hasta los putos párpados y me mareo cuando muevo el cuello. En rehabilitación me dicen que es normal. Vale.

*Salto algunos días para que la entrada se haga más amena*

Día 10: Ha vuelto el fisioterapeuta que estuvo de baja por depresión por mi culpa. Cuando he entrado me ha mirado mal, así que he estado escupiendo en el suelo cada vez que tenía mocos.

Día 11: Es el último día de mi rehabilitación. Mañana tengo que ir a ver al médico al que amenzacé con un bisturí para que me diga si ya estoy bien o si mi alma debe seguir siendo torturada. El fisioterapeuta me ha hecho crujir la espalda y el cuello y me ha dejado mucho peor. He preguntado en recepción si eso es denunciable y me ha mirado como si estuviese loco. Qué mierda de hospital.

Seguiré actualizando mi blog a medida que mi infierno personal se extienda. Ojalá me hubiese arrollado un autobús y me hubiese quedado ahí. Al menos no tendría que andarme con mierdas.

viernes, 15 de enero de 2016

Voy a ser millonario.

Hay veces que uno se plantea su existencia como una mera estancia en el mundo, sin dejar ninguna huella, ninguna diferencia en el supuesto caso de que uno nunca hubiera existido . Es decir, ser una pieza más (puede que no necesaria) del inmenso engranaje que es la humanidad.  Yo no me lo planteo, en absoluto, y mucho menos ahora. Y la razón es la siguiente.

Todo comenzó en una de estas perezosas tardes de banco y pipas con amigos en la que, sin venir a cuento, un amigo y yo decidimos empezar a jugar a Euromillones juntos, con una serie de números cuidadosamente elegidos. Una apuesta vale dos euros, y se juega los martes y los viernes. Así que pondríamos dos euros cada uno todas las semanas y nos dispondríamos a ello, para ver si la diosa de la fortuna nos sonreía en algún momento hasta el final de nuestros días. Lamentablemente, con el tiempo, fuimos dejando este bonito hábito, ya fuese por pereza o por desilusión ante la impotencia de que alguna entidad divina no nos ayudase en nuestro camino hasta la grandeza.

Sin embargo, hoy es el día en el que todo cambia.

Ayer decidí jugar a Euromillones. Bien fuera por nostalgia, bien porque me sentía con buena fortuna... Quién sabe. Sin embargo, tras hacer mi apuesta, salí a la calle con un fuerte presentimiento: "Me va a tocar el Euromillones".





No se trata de fardar de ello, ni mucho menos. Simplemente lo sé. Me va a tocar el bote del día de hoy, nada menos que 81 millones de euros. Y nadie va a poder hacer nada por evitarlo.

De modo que, con la seguridad de que hoy voy a convertirme en millonario, decidí planear algunas cosas. Quedé con un buen amigo para informarle de que nos va a tocar el bote del Euromillones, y empezamos a planear nuestra nueva vida, lejos de la rutina a la que estamos acostumbrados. Comenzamos por mirar casas de lujo en Internet, en la que viviríamos él y yo, y calculamos todos los gastos.



¿Te gusta? Esa es la casa que vamos a comprar hoy mismo. Está situada en la Urbanización Somosaguas en Pozuelo de Alarcón, Madrid, y está valorada en 12 millones y medio de euros. La casa tiene piscina, pero como seguramente sea demasiado pequeña, la agrandaremos y haremos otra cubierta al lado. La piscina cubierta tendrá una zona a media altura para sentarnos tranquilamente con nuestra copa. Está todo pensado.



Esta es la entrada de mi futura casa. Es de mis partes favoritas de ella aunque debe ser reformada. Una de mis primeras decisiones ha sido quitar esa estatua de mierda y poner una mía a tamaño real, totalmente desnudo, sosteniendo una lanza. Esto tiene dos utilidades: La primera es subirme la moral cada vez que entre en mi palacio, y la segunda es asegurarme de que ningún testigo de Jehová se acerque a mis terrenos.



Este es mi salón. Quiero cambiar algo la decoración, pero la estética base me gusta mucho. El centro de mesa será una cubitera para meter la cerveza, y cada habitación tendrá 3 ceniceros colocados estratégicamente para que ninguno de mis invitados tenga que moverse de la posición óptima en los sillones. Además, la casa tiene la friolera de 11 baños. ¿Para qué quiero tantos? Está hecho para utilizar uno cada día de la semana y que me sobren unos cuantos, para algún ocasional apretón.


Hay cosas en esta vida que hay que saber. Y una de las indispensables es que si no tienes un garaje así, no vales una mierda. Además del hecho de que cualquier color de coche queda bien en él, tanto las líneas como las paredes y el suelo, y las propias columnas, tienen luz. De ese modo podré aparcar mi Porsche con mayor facilidad. Ya me imagino enseñando mi colección de Mustang a Bill Gates mientras este se pone verde de envidia...

Hablemos claro. ¿Me hace mejor que tú poseer todo esto? Sí. A partir de esta noche, mi vida va a ser mucho mejor que la tuya. Es un hecho empírico. Sin embargo no pienso quedarme ahí, no señor. Estuve haciendo cuentas con mi amigo para saber cuánto dinero gastaremos en primera instancia para satisfacer nuestras necesidades. Entre la casa y su mantenimiento, el viaje al mundo que daremos mientras se reforma la casa, los vehículos, las apuestas en Las Vegas (nos hemos puesto un tope de un millón), los barcos que hemos mirado y regalos a nuestras familias, nos sobrarían unos 55 millones de euros. Es decir, que podríamos comprar todos estos caprichos dos veces más.

Para no pecar de avariciosos, ingresaremos esta cantidad en el Banque Baring Brothers Strudza de Ginebra. Contando con que lo ingresemos a plazo fijo a un 8%, por ejemplo, tendríamos unos beneficios de más de 4 millones de euros al año. Nada mal.

Tengo que seguir dejando cosas arregladas para cuando llegue el momento, pero quería escribir esta entrada informativa para todos vosotros.

No puedo esperar a estar en mi nueva casa.