Actualmente estoy yendo a una autoescuela para sacarme el permiso de conducir y pasarle los testículos por la cara a mi padre, que no quería que me lo sacase antes de los 20 años. Estaba saliendo de la autovía para llegar al centro de Sevilla, cuando veo a unos 15 metros un paso de peatones (en el que yo tenía prioridad por un semáforo en verde) por el que pasaba tranquilamente una mujer de unos 30 años con complexión de puta mierda, y una pinta de haberse metido toda la heroína que hay en Europa del Este.
Mientras pitaba y pisaba el freno, este humilde narrador sacaba la cabeza por la ventanilla para "cagarse en los putos muertos de la yonki de mierda que va tan puesta que no es capaz de ver el puto muñequito rojo del semáforo de los cojones". Creo que nunca he soltado tantos improperios en tan poco tiempo. Algo dentro de mí me hizo sentirme orgulloso de mí mismo, y sentirme parte de ese gran grupo de conductores que explotan a la mínima.
Lo interesante vino cuando la patana coge y me levanta el brazo mientras me grita y sigue andando. Entonces pisé el acelerador cuando supe que podía pasar sin atropellarla, y cuando la tuve a mi lado, grité "casi le hago un favor a tus padres, hija de puta". Aceleré y me fui.
Creo que voy a relajarme un poco, no está bien decir tantas cosas feas. Eso sí, espero que no volvamos a cruzarnos con ella. Mi profesor de autoescuela, en el asiento del copiloto, estaba gritándole incluso más que yo. Miedo me da.