Hoy es el día 22 de marzo de 2016.
No sé cuándo se leerá esto. No sé ni siquiera si alguien además de mí leerá esto, pero creo que necesita ser escrito. Sé que dije que no necesitaba soltarlo, pero tarde o temprano la verdad ha salido a la luz: yo necesito hablar sobre esto. Y sí, esta es una historia de amor. O de desamor, según se mire.
Si has leído otras entradas de mi blog, podrás comprobar que esta es una ampliación de una parte de cierta entrada, titulada "A todas ellas".
Esta historia se remonta al verano de 2011. Yo tenía unos tiernos 15 años y empezaban a aflorar en mí las ganas de conocer a gente nueva y salir los fines de semana. Siempre he sido un chico muy reservado, pero una vez me sentí integrado en un nuevo (y primer) grupo de amigos, las cosas fueron como la seda.
Yo estaba en el río. El río, para las personas de fuera de Sevilla, era un lugar en el que los jóvenes de nuestro estilo se reunían en esa época. Muchos lo consideraban una especie de "santuario", una completa gilipollez. El río no era más que un lugar para hacer botellón.
Y como iba diciendo, yo estaba en el río, cogiéndome una gorda con mis amigos y una botella de vodka, pues estaba en la edad de eso. Actualmente me arrepiento de haber empezado tan pronto de ese modo. Pero, ¿quién sabe? Puede que si no hubiese estado en esa situación, nunca estaría escribiendo esto. ¿Es eso bueno, o es malo? Nunca lo sabremos. El caso es que estaba riéndome mucho debido a la intoxicación etílica combinada con alguna chorrada que estaríamos comentando mis allegados y yo, cuando de repente, la vi.
Nunca he sido un chico que haya tenido una especial fijación en las relaciones sentimentales, a mí me gustaba más estar a mi rollo, sin que nadie me molestase. Pero cambié completamente de opinión cuando me fijé en ella. Era la chica más guapa que yo había visto hasta la fecha.
Podéis llamarlo como queráis: cantidad exagerada de alcohol en sangre, pérdida de sentido común momentánea, o simple descaro; pero decidí dejar atrás mis miedos. Un servidor siempre ha sido una persona muy callada, así que me costó mucho (dos milésimas de segundo en la realidad, una eternidad en mi mente) hacer lo que hice a continuación: me levanté y fui a hablar con ella.
El primer "¡Hola!" que pronuncié frente a ella y que siempre recordaré, salió completamente natural, a la vez que yo me arrepentía mil veces de haberme levantado cuando veía la expresión de extrañeza que su cara tomaba. Ella me contestó con un tímido "Hola", y una mueca de desaprobación. Mis siguientes palabras, para mi sorpresa, salieron de mis labios con una naturalidad mayor incluso que mi primer saludo: "¿Qué tal estás? Yo me llamo Luis, ¿y tú?".
A partir de este punto, su expresión facial se relajaba un poco, e incluso soy capaz de decir (arriesgándome mucho) que esbozó una sonrisa, seguramente percatándose del tan ridículo individuo que tenía frente a ella. Ella respondió "Istari".
(Es increíble que, después de tanto tiempo, siga dándome escalofríos el escribir su nombre).
Yo pensaba que estaba tomándome el pelo, diciéndome el primer nombre que se le había ocurrido o algo así. Ella me confirmó que ese era su verdadero nombre, mientras yo me daba cuenta de que aquella chica que tenía frente a mí era más preciosa aún de lo que había notado a primera vista. Su nombre, además, tenía una algo tan inusual que me atraía, y una musicalidad tal que, de repente, me parecía el nombre más perfecto del mundo. Y así es como, chicos, una persona se enamora a primera vista.
La conversación siguió de forma tan fantástica que yo mismo me sorprendí. Istari me dio su Tuenti (por aquel entonces la gente lo usaba de forma muy frecuente), y me di cuenta de que ella y yo teníamos el mismo segundo apellido, detalle que le comenté y compartimos unas risas. Llamadlo (de nuevo) cantidad exagerada de alcohol en sangre, pero eso me dio a pensar que ella y yo estábamos predestinados a conocernos. Cosas absolutamente ridícula, desde luego. Pero me encantaba pensar eso.
Istari y yo nos despedimos y acordamos en hablar por Tuenti esa misma noche. Tras eso, yo volví a sentarme con mi grupo de amigos, puedo asegurar, con la mayor sonrisa de imbécil del mundo. En ese momento me sentía en la cima del mundo por haber conocido a la chica más perfecta que existía. A partir de ahí, no recuerdo nada hasta que llegué a mi casa.
Cuando entré por la puerta, lo primero que hice fue dirigirme hacia mi habitación y encender el ordenador. No podía esperar a volver a hablar con Istari. Una vez le hube enviado mi petición de amistad, me hice algo de comer y esperé pacientemente. Para mi sorpresa, ella la había aceptado pocos minutos después de yo haberla enviado. Empezamos a hablar por el chat de Tuenti (comenzando por pedirle disculpas en el caso de que hubiese dicho algo comprometido, ya que los borrachos y los niños siempre dicen la verdad; y yo en ese momento, era ambas cosas).
Hoy es el día 23 de marzo de 2016.
Tras unos minutos hablando, Istari me preguntó si me apetecía hablar por teléfono. En ese momento empecé a ponerme nervioso. Esa chica me encantaba, y estaba mostrando un interés por mí que yo no esperaba en absoluto. Era algo que no me había ocurrido nunca, y como es obvio, no quería tirarlo todo por la borda. Sin embargo, hice acopio de fuerza de voluntad, le pedí su número y la llamé enseguida.
Me sonrojé desde el momento en el que Istari descolgó el teléfono y preguntó "¿Luis?" con su preciosa voz. La llamada, plagada de sorprendentemente cómodos silencios, los cuales habría dado lo impensable por haberlos experimentado con ella en persona, duró once perfectos minutos. Tras esto, me fui a dormir con la misma sonrisa de idiota que llevaba teniendo todo el día.
Todo esto ha sido un prefacio que he querido compartir con vosotros. Se trata del inicio de nuestra historia, se trata del momento en el que me di cuenta de que iba a ser una persona realmente importante para mí. A pesar de esto, Istari y yo no hemos estado constantemente en contacto. Hemos tenido encuentros que se han sucedido por capricho del destino. Nuestra primer encuentro fue breve, pero necesario para conocernos, si bien no en profundidad, pero me sirvió para saber que ella no era una persona como las demás.
Recuerdo (ahora mismo, con una sonrisa en la cara), que acordamos encontrarnos en una quedada que se hacía en el Parque del Alamillo. Estuvimos pegándonos con espadas de mentira, de estas que usan los chavales para sus cosas de softcombat, y luego dimos un paseo de vuelta al río. Recuerdo, además, que me pidió que le prestara las gafas de sol que llevaba puestas. Eran unas gafas de sol tipo aviador con cristal de espejo, que aún sigo conservando con mucho cariño (y ella lo sabe).
Quedamos con unos amigos que casualmente estaban por esa zona. Istari se dio un baño en el río y me animó a acompañarla, pero le dije que no, muy a mi pesar, ya que era muy meticuloso con ese tipo de cosas. Fue un error no haber aceptado, pienso ahora. Allí estaba un buen amigo al que comenté mi situación con ella, y me dijo que si de verdad me gustaba esa chica, debía decírselo. Empecé a ponerme muy nervioso porque Istari empezaba a dirigir su mirada sospechosamente hacia nosotros; obviamente sabía que hablábamos de ella.
Y, finalmente, después de mucho pensarlo, le pedí a Istari que me acompañase un momento, porque tenía que hablar con ella. Y le dije lo que llevaba pensando de ella desde el primer momento en el cual la vi.
Queridos lectores, ¿conocéis estas películas, estas típicas americanadas que terminan con un sensacional beso entre el protagonista y su pareja? Bien, olvidadlo. El beso que vino a continuación fue el mejor beso que he tenido en toda mi vida. Fue el beso más sentido, el beso que más ansiaba. Lo recuerdo como si fuera ayer, y aun así, soy incapaz de describirlo más que diciendo, simplemente, "El mejor beso de la historia".
Como anécdota, olvidé pedirle las gafas que le presté, y se las quedó durante un buen período de tiempo. Esas gafas de sol viajaron con ella hasta Francia, según me cuenta, y es por eso que las guardo con tanto afecto.
Hoy es el día 24 de marzo de 2016.
A día de hoy no recuerdo bien qué sucedió, y ni siquiera sé si quiero recordarlo. Solo recuerdo que hice algo mal, algo de lo cual aún me arrepiento, sin saber si quiera qué causó que la chica que más quería y yo perdiésemos el contacto. Sin embargo, ella siempre ocupó un lugar muy importante para mí.
No soy capaz, al menos de momento, de situar nuestro segundo encuentro en el tiempo, muy probablemente porque fue algo bastante fugaz. Recuerdo que quedé con mi amigo Pablo para dar un paseo. Me comentó que sin no me importaba que viniese Cristina, una antigua amiga de nuestra ya pasada época de botellón en el río. Le dije que no había problema alguno, y Cristina dijo que vendría con otra amiga. Cuando vi a esa misteriosa amiga de pelo rubio, me dio un vuelco el corazón.
Sentí una increíble mezcla de sentimientos en aquel momento. Istari y yo nos saludamos y pasamos un día fantástico en compañía de nuestros amigos. Y de nuevo, por azares del destino, Istari y yo perdimos el contacto de nuevo.
El verano del año pasado, pedí el número de Istari a una amiga suya. Lleno de determinación, le mandé un mensaje por WhatsApp preguntándole si le apetecía que nos viésemos para dar un paseo y tomar algo. Ella respondió de muy buen grado, diciendo que le encantaba la idea. Me di cuenta de lo sencillo que es hacerme feliz. Pasamos un día fantástico; le presenté a mis amigos, nos pusimos al día y dimos un bonito paseo. Y al acompañarla al portal de su casa, Istari me dio ese beso que tantísimo llevaba esperando.
Quedamos un día más en este tercer encuentro. Aunque el día se desarrolló muy bien, acabó de manera nefasta. No quiero comentar la razón o razones, y mucho menos en un blog público. Quien lo tiene que saber, lo sabe. Y así fue como Istari y yo perdimos el contacto por tercera y última vez.
Esta es mi historia con Istari, nuestra historia. No, no sigo enamorado de ella. No, ya no me gusta de esa manera. Entonces, ¿se puede saber qué hago escribiéndola a lo largo de varias madrugadas? Quién sabe. Puede que para explicarme el por qué de esa vorágine de pensamientos cada vez que ella aparece en mi mente. Puede que para explicarme ese pequeño infarto que me da cada vez que veo a una chica rubia de espaldas en el Metro. Puede que para preguntarme por qué no sale de mi maldita cabeza.
Anotaciones finales: Cada palabra de este texto es completamente cierto, y lo recuerdo de forma muy vivaz. No es mi intención que ella lea esto, ya que esta entrada es simplemente una forma de ordenar las inconexas ideas que afloran en mi mente cada vez que la recuerdo. A las pocas personas que me lean, les pido que me den su más sincera opinión acerca de esta entrada, y de mis razones para redactarla. Para mí es muy importante.
Un saludo.
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